El redoble sonoro y repetido del tambor, junto a escudos brillantes
y lanzas en pie, anuncian que se acerca la legión de Soldados Romanos.

Llegan, custodiando al que llaman Jesús “El Nazareno”, que pretendido en la noche recorre maniatado, las calles de la ciudad.

No quieren perder ni un solo paso del “convicto”, pues les fue confiado en custodia, para hacerle seguir una ruta pasionaria, de escarnios y humillaciones…

Pero, la mirada de esos hombres-soldados, no es ni por asomo, la que en realidad tuvieron los “prendedores” de Jesús en el Huerto de los Olivos; no son ni vaga sombra de la injusticia, que rodeó a Cristo hasta su ejecución en la Cruz… Ellos son amantes de la Semana Santa, que por seguir haciendo tradición, visten los trajes de romanos la noche de Viernes Santo, y de esta manera, también acompañan en oración y penitencia la Pasión de Jesucristo.