Desde época remota figura en las procesiones de Semana Santa una escolta de bizarros legionarios romanos a la antigua, vulgarmente llamados “armats”, que abriendo marcha a la numerosa comitiva de penitentes y nazarenos, dan un especial realce a estas manifestaciones públicas religiosas.

Este simulacro de milicia del Imperio de Oriente, viene a representar la cohorte que estaba al servicio del Magistrado romano de Judea, y que éste puso a disposición del Sanedrín para guardar Jesús y llevarlo camino del Calvario.

Los armados acompañando los pasos y misterios de los distintos gremios, en las procesiones del Jueves y Viernes Santo, coadyuvan a conservar visionariamente en el corazón de la muchedumbre, los sagrados recuerdos de la Pasión y Muerte de nuestro querido Redentor, a la vez que constituyen una brillante nota popular que el folklore nacional ha elevado al rango de tradición.

Esta tradición data en Mataró de tiempo inmemorial. Nuestros “Armats” no son únicamente unos hombres que ostentan lanzas y  escudos y relucientes cascos con altas cimeras, marcando el paso de manera típica y sombría; sino que también tienen su pasado y su historia, no exenta de páginas gloriosas; y por su primor, ya que no por su número, pueden dignamente parangonarse con los más celebrados y fastuosos de Lorca y Sevilla, especialmente.

Las vestiduras de los Armados no siempre guardaban semejanza con el indumento de la Guardia del Pretor Poncio Pilato, ni siquiera uniformidad en todos los individuos que los representaban, ya que cada cual iba vestido según sus conveniencias; dándose el caso durante el siglo pasado, de llevar el clásico morrión de los ejércitos napoleónicos en lugar del casco romano.

En Mataró, la cofradía de la Minerva cuidaba de la organización de los Armados, formados por gente robusta, generalmente de mar, que espontáneamente prestaban su colaboración con entusiasmo y excelencia.

Esta bella tradición declinó a medida que se ponderaba la crisis religiosa de nuestro pueblo, consecuencia directa de las nefastas ideas políticas emanadas de la revolución francesa. Para conservar los Armados en las procesiones del Jueves y Viernes Santo, hubo necesidad de emplear gente mercenaria, únicamente movida por el estipendio o paga y no por la fe y seriedad que requieren estos actos.

El centro de Dependientes cuidó un año de los “Armats”, llevando a cabo una labor meritoria y digna de la ciudad de las Santas.

Los cuantiosos dispendios que representaba el alquilar cada año el vestuario de los Armados, amenazaba extinguir esta simbólica tradición; por lo cual, las Congregaciones Marianas, interpretando el deseo de los Mataroneses amantes de revivir nuestras más preciadas costumbres, determinaron, con el beneplácito del llorado Dr. Samsó, encauzar definitivamente esta tradición por los senderos de la piedad y gloria de antaño. Recabaron el concurso económico de las familias católicas de la ciudad, pudiendo así adquirir en propiedad los relucientes cascos, corazas, lanzas, vestimentas, en fin, todo lo esencial que, año tras año, vemos gozosos desfilar en recorrido procesional.

La escolta se forma por el pregonero, tambores, el capitán Manaya con el pendón S.P.Q.R., 20 soldados romanos y el centarca o centurión.

La lentitud de la marcha lúgubre de los improperios, misterios e imagen del Crucificado, depara ocasión propicia a los “Armats” para exhibir sus evoluciones, de mucha vistosidad, llamados cuadros, siendo típico y espectacular el que se forma frente a la casa Consistorial.

O. Año 1943

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En el año 1987 desfilaron en la Procesión de Viernes Santo, tres personas disfrazadas de “Armats”, dando la nota tragicómica, pues uno de ellos iba fumando un largo puro. Lo que menos se pensaba esta persona es que asistía a una Procesión de Semana Santa. A su manera creía que asistía a “els Tres Tombs”. Reconozco que aún ignoro de quien fue tan brillante idea, desde luego este fue el primer y último año.

 

Anecdotario

No podia fallar en estas manifestaciones de carácter religioso, como sucede en muchas otras, la anécdota y comicidad de ciertas actitudes. Por ejemplo: próximo a Semana Santa corría la voz de que los cereros ofrecían a la <Colla dels Armats> para después de la Procesión del Viernes Santo, una suculenta cena, regularmente de bacalao con pasas, porque debido al paso lento y a los llamados <Cuadros> que de trecho en trecho realizaban, la Procesión se alargaba en su duración, en provecho de los referidos vendedores por la cera que durante la procesión se consumía.

También queda el recuerdo de que en cierto año, impacientes los asistentes a la Procesión del Viernes Santo por la lentitud con que los soldados romanos andaban, el señor Alcalde, que presidía la Procesión mandó un Alguacil al Centurión mandándole que procediera con paso más acelerado. Y el centurión por el mismo Alguacil dijo… aquí, avui, mano jo!

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Epílogo

Esta es a grandes rasgos una suscinta historia del grupo de soldados romanos que vemos todos los años en las Procesiones de los días Santos, prestándoles una colaboración y un realce muy apreciable y que por la popularidad y simpatía que se han merecido, debemos procurar su continuidad y superación en lo posible, para lo cual es de esperar la colaboración de todos y en particular el acrecentamiento del número de sus protectores, gracias a los cuales ha sido posible el éxito alcanzado en estos últimos 25 años siendo de desear no les sea menos propicio el porvenir.